En cierta ocasión un hombre joven llegó a un campo
de leñadores, ubicado en la montaña, con el objeto
de obtener trabajo.

Durante su primer día de labores trabajó arduamente
y como resultado, taló muchos árboles. 

El segundo día, trabajo tanto como el primero, pero
su producción, fue escasamente la mitad del primer día.

Durante el tercer día, se propuso mejorar su producción.
Golpeó con furia el hacha contra los árboles, pero sus
resultados fueron nulos. 

El capataz, al ver los resultados del joven leñador,
le preguntó:

"¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?" 

El joven respondió:
"Realmente no he tenido tiempo de hacerlo, he estado
demasiado ocupado cortando árboles".

A muchos cristianos nos pasa lo mismo cuando
emprendemos una labor para el Señor;
nos entusiasmamos mucho al ver los resultados
de los primeros días y queremos seguir obteniéndolos.

Pero en ocasiones nos olvidamos de afilar nuestras
hachas, es decir, orar más, leer la Biblia, prepararnos
más para el siguiente día.

Dios dice:

Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia;
No te olvides ni té apartes de las razones
de mi boca.
No la dejes, y ella te guardará;

Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría;
Y sobre todas tus posesiones, adquiere
inteligencia.

Engrandécela, y ella te engrandecerá;
Ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado.
Adorno de gracia dará a tu cabeza;
Corona de hermosura te entregará.
Salmos. 4: 5-9

 

 

 
*creada con amor*