Esta es el arma más poderosa para ganarme a los demás: amarlos.
Si no amo seré un simple don nadie. Pero si amo a los otros, nadie podrá
defenderse de la enorme influencia de mi presencia.
Podrán no aprobar mis
recomendaciones, pero si los amo ganaré
sus corazones y ese es el
gran secreto.
Amaré el sol porque me da calor y a la lluvia porque hace producir frutos
a la tierra.
Cuando sienta la tentación de criticar me morderé la lengua, y cuando
sienta el deseo de elogiar lo proclamaré a los cuatro vientos.
Amaré a los pobres porque son hijos de nuestro mismo Padre
que es Dios.
Amaré a los duros y agrios porque nadie tiene tanta necesidad de
ser
amado como el que no es capaz de demostrar cariño.
De ahora en adelante no tengo tiempo para odiar ni para recordar ofensas.
Solo tengo tiempo, para amar y recordar las cualidades de otros.
Si amo, influiré enormemente en los demás. Si no amo seré solamente como
una lata que resuena. Me amaré a mi mismo, porque soy mi PRIMER prójimo.
Y como deseo amar mucho, trataré cada día alimentarme con oración,
con lecturas
y meditación, para que mi espíritu sea cada vez más
noble y generoso.
Y pediré a Dios que aumente mi amor, porque éste es un don del cielo, que
solamente se concede a quien lo pida de corazón.
 
DIOS ES AMOR
Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.
El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.
En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.
~1° Juan 4: 7-11~
|