Es
una
demostración
de
ternura
junto
con
una
fuerza
que
protege.
Es
perdonar
sin
volver
a
pensar
en
lo
que
has
perdonado,
pero
sabiendo
perfectamente
lo
que
has
perdonado.
Es
conocer
la
debilidad
humana
pero
sabiendo
que
tras
de
ella
late
el
hombre
verdadero.
Es
mantener
la
serenidad
en
medio
de
la
ofuscación.
Es
confiar
en
Dios
sin
pensar
en
sí
mismo.
Es
la
hermosura
perenne:
la
luz
de
los
ojos
maternos,
la
gloria
en
el
sacrificio,
la
garantía
humilde
de
su
protección.
Es
la
expresión
de
la
promesa
de
nuestro
Padre
Celestial
hecha
realidad.
Es
negarnos
a
ver
otra
cosa
que
sea
bondad
en
nuestros
semejantes.
Es
la
gloria
que
llega
como
algo
natural
y
la
fuerza
que
da
la
garantía
del
amor
del
padre
por
sus
hijos.
Es
la
voz
que
sabe
decir
"no"
cuando
es
más
fácil
decir
"si".
Es
la
resistencia
a
la
lujuria
y
a
la
codicia
mundana,
convirtiéndose
en
expresión
positiva
de
lucha
contra
el
error.
Amor...
algo
que
nadie
puede
quitarnos...
...lo
que
podemos
dar
constantemente
enriqueciéndonos
cada
vez
más.
El
amor
no
puede
darse
por
ofendido,
ya
que
no
puede
saber
algo
por
sí
mismo,
no
puede
concebir.
Tampoco
puede
dañar,
ni
ser
dañado,
porque
constituye
el
más
puro
reflejo
de
Dios:
la
bondad
y
la
entrega.
Es
la
fuerza
eterna
e
indestructible
de
lo
bueno.
Es
la
voluntad
de
Dios
que
concibe,
prepara
y
ejecuta
siempre
lo
más
conveniente
para
todo
su
Universo.