Arriba, entre las luces estelares,
muy cerca de lo eterno e infinito;
lejos de los ámbitos vulgares
encuentro la paz que tanto necesito.
Arriba, entre lo noble y lo grandioso,
do no llegan celos o rencores,
que nos priven del placer y gozo con viles
festejos destructores.
Allí he de vivir tranquilamente
amando, aunque nadie me hay amado,
gozando el amor que, dulcemente
Jesucristo, el Santo, me inspirare.
Cual paloma que levanta el vuelo
yo volaré un día sin temores,
la mirada fija al alto cielo,
do me espera el Señor de los Señores.
Eduardo Palací