Aunque soy pequeñuelo
me mira el santo Dios;
El oye desde el cielo
mi humilde y tierna voz.

Me ve de su alto asiento
mi nombre sabe sí;
pues cuanto pienso y siento
conoce desde allí.

El mira a cada instante
lo que hago bien o mal;
pues todo está delante
de su ojo Paternal.


 

 

He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen,
Sobre los que esperan en su misericordia,

Para librar sus almas de la muerte,
Y para darles vida en tiempo de hambre.

Nuestra alma espera a Jehová;
Nuestra ayuda y nuestro escudo es él.
Salmos 33:18-20

El que hizo el oído, ¿no oirá?
El que formó el ojo, ¿no verá?
Salmo 94:9

 
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