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Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme
a la carne, sino conforme al Espíritu.
Porque los que son de la carne piensan en las cosas
de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.
Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero
el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios,
ni tampoco pueden;
y los que viven según la carne no pueden agradar
a Dios.
Mas vosotros no vivís según la carne,
sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de
Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en
verdad está muerto a causa del pecado, mas
el espíritu vive a causa de la justicia.
Y si el Espíritu de aquel que levantó de los
muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó
de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que
mora en vosotros.
porque si vivís conforme a la carne, moriréis;
mas si por el Espíritu hacéis morir las obras
de la carne, viviréis.
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud
para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios
y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
~ Romanos 8: 1-5 al 11 - 13 al 18 ~

Porque ninguno de nosotros vive para sí,
y ninguno muere para sí.
Pues si vivimos, para el Señor vivimos;
y si morimos, para el Señor morimos.
Así pues, sea que vivamos, o que muramos,
del Señor somos.
Porque Cristo para esto murió y resucitó,
y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.
~ Romanos 14: 7-9 ~  |