Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar
el cordero
de la pascua.
Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que
la comamos.
Ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la preparemos?
El les dijo: He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre
que lleva
un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare,
y decid al padre de familia de esa casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento
donde he de comer la pascua con mis discípulos?
Entonces él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad allí.
Fueron, pues, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.
Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles.
Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!
Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios.
Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;
porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.
Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo:
Esta copa es el
nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
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