Veinte siglos te contemplan
sobre el Gólgota enclavada,
de virtudes coronada.
irradiando siempre luz,
¡Bendita, sacrosanta cruz!
Ni el cruento paganismo,
ni el mordaz antagonismo
de los infieles y ateos,
con sus muchos devaneos,
lograron nunca apagar esa
luz que de tu altar por el
mundo se derrama, y que
en las almas proclama
consuelo, paz esperanza
y la eterna venturanza.
A través de las edades
fuiste siempre la atracción
que cautiva el corazón,
y que al humano conduce
a la eterna salvación.
Eres para el tierno niño,
de alma blanca cual armiño,
el faro que le señala
la senda de la virtud.
Para que siempre la quilla
apunte con rumbo cierto
hacia el eterno puerto
de la mansión celestial.
Y no caiga en los escollos
de impureza mundanal.
y para la niña hermosa
con su mejilla de rosa,
con ojos cual luceros,
y sus labios lisonjeros
eres divino baluarte,
que la escuda y la defiende,
pues hasta el Diablo le
teme, y sus redes nunca
tiende muy cerca de donde estás.
De hombre eres el consuelo,
la divina inspiración, y la mas
noble atracción;
Tu virtud le hace nacerá un
mundo de nueva vida, pues
en Ti alcanza a ver el amor
del Dios eterno,
que al salvarle del infierno envió
a su hijo a la tierra; y al morir en ti
clavado la gran obra ha consumado
de la humana redención.
Por eso para el soldado del
Divino Rey Jesús, no hay
ninguna otra atracción cual
la eterna y santa Cruz.
Eduardo Palací