Ahuyenta la soledad.
Aquieta los miedos.
Abre las puertas de los sentimientos.
Fortalece el auto estima.
Demora el envejecimiento:
Los abrazantes se
mantienen jóvenes por más
tiempo.
Ayuda a dominar el apetito: comemos menos
cuando nos alimentamos con abrazos...
y cuando tenemos los brazos ocupados en
estrechar a los demás.
Es democrático:
Cualquiera es candidato
a un abrazo.
Es ecológicamente aceptable, pues
no altera el ambiente.
Ahorra energía el economizar calor.
Es portátil:
No requiere equipos
especiales.
No necesita un sitio especial: cualquiera,
desde un umbral hasta una sala de conferencias
para ejecutivos, desde el atrio de una iglesia
hasta
un estadio de fútbol, es buen lugar
para un abrazo.
Hace más
felices los días insoportables.
Imparte sentimientos de arraigo.
Llena los vacíos de la vida.