Hay algo en un abrazo simple
que siempre calienta el corazón.



U
n abrazo es una cosa asombrosa. . .
es justo la manera perfecta
para demostrar el amor que nos sentimos,
y que muchas veces no encontramos
las palabras justas para demostrarlo.

En cada lugar y lengua,
se entiende siempre.

Los abrazos no necesitan el equipo
de baterías especiales,
o piezas especiales. . .

Solamente abran los brazos. . .
¡y abran sus corazones!

Un abrazo es un regalo maravilloso para compartir,
Una manera de demostrar que amamos.

Nada puede ser omparable.
a sentir un abrazo caluroso.




  • Imparte la sensación de que
    le pertenecemos.
  • Llena los sitios vacíos
    en nuestras vidas
  • Es portátil

  • No requiere maquinaria especial

  • No exige lugar en particular
    (el lugar adecuado para dar
    un abrazo es cualquier lugar como al pie de la puerta, un cuarto de conferencia
    ejecutivo ... una iglesia
    o un campo de futbol)

  • Hace que los días felices sean más felices.
  • Sigue funcionando hasta después de que el abrazo se termína

*Creada con Amor*

Lee Shapiro es un juez retirado y también una de las personas más auténticamente
amables y cariñosas que conocemos.

En un momento de su carrera, Lee se dio cuenta de que el Amor es el poder más grande
que hay.

Como resultado de ese descubrimiento se convirtió a la religión del Abrazo: empezó a dar abrazos a todo el mundo.
Sus colegas comenzaron a llamarlo "El juez de los Abrazos".
En el parachoques de su automóvil se lee:

"No me fastidies... abrázame".

Hace más o menos seis años, Lee inventó lo que él llamaba su Equipo
de Abrazar.
Por fuera dice: "Un corazón por un abrazo" y contiene treinta orazoncitos rojos bordados
con un adhesivo al dorso.

Lee saca su equipo de abrazar, se acerca a la gente y le ofrece un corazoncito rojo a cambio
de un abrazo.
Gracias a esa práctica ha llegado a ser tan conocido que con frecuencia le invitan
a conferencias y convenciones donde puede compartir su mensaje de Amor Incondicional.

En una conferencia que se realizo en San Francisco, los medios de comunicación locales
le plantearon el siguiente reto: es fácil dar abrazos en esta conferencia dirigida a personas
que han venido aquí porque han querido, pero eso sería imposible en el mundo real.

Y lo desafiaron a que empezara a dar abrazos por las calles de San Francisco,
seguido por un equipo de televisión de la emisora local.

Lee salió a la calle y abordó a una mujer que pasaba.

-Hola, soy Lee Shapiro, el juez de los Abrazos y doy un corazón de estos
a cambio de un abrazo - explicó.

-Como no - fue la respuesta.

Demasiado fácil objetó el comentarista local. Lee miró a su alrededor y vio a una muchacha
encargada de un parquímetro que lo estaban usando mal a causa del propietario de un
automóvil a quien estaba multando.

Lee se encaminó hacia ella, con el cámara a su lado y le dijo:

-Me parece que a ti te vendría bien un abrazo.
Soy el Juez de los Abrazos y me ofrezco a darte uno.

Ella aceptó.

-Mire ahí viene un autobús - lo desafió el comentarista de televisión
- Los conductores de autobús de San Francisco son la gente más dura, descortés
y mezquina que hay en la ciudad.
Vamos a ver si consigue usted que lo abracen. Lee aceptó el reto.

Cuando el autobús llego a la parada, dijo al conductor:

-Hola, soy Lee Shapiro, el Juez de los Abrazos.
El suyo debe ser uno de los trabajos más agotadores del mundo.
Hoy ando ofreciendo abrazos a la gente para aliviarles un poco la carga.

¿Le apetece uno?

El hombrón de un metro ochenta y cuatro y más de noventa kilos de peso se levantó
del asiento, bajó y le dijo:

-¿Por qué no?

Lee lo abrazó, le dio un corazón y lo saludó con la mano mientras el autobús
volvía a arrancar.

Los del equipo de televisión estaban mudos. Finalmente, el presentador dijo:

-Tengo que admitir que estoy muy impresionado.

Un día, Nancy Johnston, una amiga de Lee, llamo a su puerta.
Nancy es payaso de profesión e iba vestida con su disfraz de trabajo,
maquillada y con nariz postiza.

-Lee, toma un montón de tus equipos de abrazar y vamos al
Hogar de Incapacitados.

Tan pronto como llegaron, comenzaron a repartir globos, sombreros
de carnaval, corazones y abrazos entre los pacientes.

Lee se sentía incomodo: nunca había abrazado a nadie que tuviera una enfermedad
terminal, que padeciera graves disfunciones físicas o mentales.

Decididamente, aquello era excesivo para dos personas.
Pero pasado un rato las cosas se volvieron más fáciles, ya que se fue formando
un cortejo de médicos, enfermeras y ayudantes que los seguían de un pabellón a otro.

Pasadas varias horas, llegaron al último pabellón donde se alojaban
los 34 casos más graves que Lee había visto en su vida.

La sensación fue tan horrible que lo descorazono; pero, dado su compromiso de
compartir su amor para conseguir un cambio,
Nancy y Lee empezaron a abrirse paso por las habitaciones, seguidos por el séquito
de médicos y enfermeras, que por aquél entonces ya llevaban corazones colgados
al cuello y lucían sombreros de carnaval.

Finalmente, Lee llegó a la última persona, Leonard, que llevaba un gran babero blanco
sobre el cual babeaba incesantemente.
Lee miró a Leonard, que no dejaba de babear, y después se volvió a Nancy diciéndole:

-Vayámonos, Nancy, a una persona así es imposible llegar.

-Vamos, Lee-respondió ella - Es un ser humano como nosotros, ¿o no?.
Y le puso un sombrero de mil colores en la cabeza.

Lee sacó uno de sus corazoncitos rojos y lo pegó en el babero de Leonard. después,
tras hacer una inspiración profunda, se inclinó a abrazarlo.

Súbitamente, Leonard empezó a emitir un chillido.
Otros pacientes empezaron a golpear cacharros.

Lee se volvió hacia el personal de la sala, en busca de alguna explicación,
y se encontró con que todos los presentes, médicos, enfermeras y auxiliares,
estaban llorando.

-¿Que es lo que pasa? - preguntó a la jefa de enfermeras.

Lee jamás olvidará su respuesta:

-En veintitrés años, es la primera vez que hemos visto sonreír a Leonard.

Así de sencillo es cambiar en algo la vida de la gente.