Es despertarse una mañana, con el 
secreto de las flores y las frutas. 

Es libertarse de si mismo y estar unido,
con las otras criaturas. 

Es no saber si son ajenas o si son propias
las lejanas amarguras. 

Es remontar hasta las fuentes las aguas 
turbias del torrente de la angustia. 

Es compartir la luz del mundo, y al mismo 
tiempo, compartir su noche oscura. 

Es asomarse y alegrarse de que la luna 
todavía sea luna. 

Es comprobar en cuerpo y alma que la tarea
de ser hombre es menos dura.

Es empezar a decir siempre y en adelante 
no volver a decir nunca. 

Y es, además, amigos míos estar seguro 
de tener las manos puras.

Francisco L. Bermúdez



 

*Creada con amor*