Mas de allí a poco tiempo, convidada de la Cigüeña,
halla preparada una redoma de caldo llena.
Allí fue su aflicción; allí su pena:
el hocico goloso al punto asoma al cuello de la
hidrópica redoma; mas en vano, pues era tan estrecho
cual si por la Cigüeña fuese hecho.
Envidiosa de ver que a conveniencia chupaba la del
pico a su presencia, vuelve, tienta, discurre,
huele, se desatina, en fin, se aburre.
Marchó rabo entre piernas, tan corrida, que ni aun tuvo
siquiera la salida de decir:
¡están verdes! como antaño.
¡También hay para pícaros, engaño!
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