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Flowers

 

Un señor de la ciudad fue a pasar unas vacaciones a las sierras,
a unas altas montañas.

Tenía un trabajo que lo agobiaba, muchos problemas y quería renunciar a todo.

Un amigo lo convenció que antes se tomase un descanso en la montaña y así lo hizo.

Todas las tardes salía a dar un paseo y de regreso solía encontrarse una viejecita
que regresaba a su casa.

Se podía observar que la anciana había estado trabajando todo
el día y que le costaba trabajo subir una cuesta muy empinada
con una pesada carga de leña sobre sus espaldas.

Sin embargo, la humilde anciana nunca mostraba en su rostro
el más leve signo de malhumor o impaciencia. Iba siempre risueña
y alegre.

La saludaba todas las tardes, preguntándose cómo haría para
no quejarse. Este hombre pensaba que él, con menos problemas
y muchos más bienes materiales que la viejecita, era un
impaciente y siempre andaba de mal humor.

Por fin un día decidió preguntarle. Al verla se le acercó y le
pidió le explicara cómo le hacía para estar siempre alegre a
pesar de lo cansada que debía estar.

La viejecita le contestó: "Tengo un secreto que me hace estar
menos cansada y saber llevar el cansancio con alegría".

El señor tuvo gran curiosidad por saber de qué se trataba,
y le preguntó si acaso era un brebaje o una medicina.

"No señor, nada de eso", respondió la viejecita. Y continuó diciéndole:
"Tengo una oración que me hace olvidar mis penas y cansancios".

El señor le preguntó con interés de que oración se trataba.

"Durante el día pienso a ratos en Jesús cuando llevaba cargando
la cruz hacia el Calvario, y medito las palabras de Dios a Adán
en el principio de la humanidad:
«Comerás tu pan con el sudor de tu frente».

Y entonces me repito constantemente:
« ¡Que se haga como Dios quiere!
¡Que se haga como Dios quiere!».

Y esa oración me da un gran aliento para continuar adelante.

Es la fe y el amor a Dios lo que me da fuerzas en mi debilidad".

El señor después de meditar las palabras de la viejecita, regresó
a su vida cotidiana con una razón suficientemente fuerte para
ya no desesperarse y continuar luchando.

Tell a Friend

La Felicidad y la Alegría, van juntas, las mismas forman un
ramillete de hermosas flores que exhalan un aroma tan
exquisito que es imposible no percibir su fragancia.

Dios en su palabra nos dice que el trabajo, que es una obligación
y una bendición:

Y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros
negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que
os hemos mandado,
 
a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera,
y no tengáis necesidad de nada.
~ 1° Tesalonicenses 4:11-12~


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Title

Vivir para los demás no es sólo la ley del deber,
es también la ley de la felicidad.
Auguste Comte

Tu sufrimiento es el hilo con que tejes tu felicidad.
Si nunca sufres, nunca serás feliz. 
Henri de Lubac

Tu felicidad no consiste en la ausencia de conflictos,
sino en tu capacidad de afrontarlos.
Autor Anónimo

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