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El guardapolvo planchado.
los libros debajo 'el brazo:
mi vieja daba un vistazo
a la raya del peinado:
los zapatos bien lustrados
y con un beso a la abuela.
me iba para la escuela
con otro pibe de al lado.
Empezaba la lección
y yo a mirar la maestra,
pero ese día en mi "testa”
no entraba la explicación
pues del bolsillo a un rincón,
debajo de las bolitas,
¡compadreaban cinco guitas
alegrando el corazón!..,
En que los había ganado
no lo podría decir...
tal ver en ir o venir...
o quizá de algún mandado...
o de algún vuelto olvidado
al volver del almacén...
la cosa es que, mal o bien,
esos cinco guitas habían quedado
En que podía gastarlos,
¡lo tenia que pensar!
¡No era cuestión derrochar,
ni tampoco de guardarlos,
pues si llegaba a encontrarlos
mi vieja de refilón...
¡tomaba declaración,
y eso había que aclararlo...
Si los gastaba en masitas
o en un turrón japonés,
me lamentaba después
por no comprarme bolitas.
Y en ta alcancía maldita,
-que nunca pude romper-,
yo tenia que poner
lo que "daban las visitas"
Las horas iban pasando
hasta sonar la campana;
mi maestra. muy ufana,
con el grado iba marchando
y yo, que iba apurando
por gastarme aquella guita,
me frenaba un: -¡Señorita!
este niño va empujando!..~
¡Felicidad de esos días
que hoy me llenan de emoción!
¡Siendo “mano" de ilusión
revoleaba mi alegría
porque en el alma tenía
yo también mis cinco guitas!...
y en tres "secas" seguiditas
me dejaron en la vía...
Y hoy que hago una estirada
en el arco del recuerdo,
mi corazón, wing izquierdo,
me hace un gol "de cachetada"
sobre el umbral de la Nada
y a seguirla hasta la Muerte:
Cinco guitas... yo. mi Suerte,
me la juego a la "tapada".
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