Hola , mami", dijo Agus al entrar en la casa.
"¿Quieres ver el dibujo que pinté en la escuela hoy?".
Él sujetaba un papel con una escena de montañas y árboles.
"¡Esto está muy bien, querido!", exclamó la mamá.
"Eres un buen pintor". Agus resplandecía.
"Creo que seré un pintor cuando crezca", dijo.
"Simplemente me encanta pintar".
Se dirigió hacia un cajón y sacó un pedazo limpio de papel
y algunas pinturas.
"Bueno, eso sería maravilloso ", dijo la mamá con una sonrisa.
"Si eso es lo que tu sientes que el Señor quiere para ti".
Señaló el papel que Agus había extendido sobre la mesa.
¿Alguna vez has mirado tu papel en blanco y pensado cómo
lucirá cuando hayas terminado de pintar?" , preguntó la mamá.
"Seguro", Agus sonrió a su mamá.
"A veces lo hago bien, pero otras lo arruino todo".
La mamá asintió con la cabeza.
"Nuestras vidas son como esa hoja de papel en blanco", dijo.
"Nuestras acciones son como el pincel que aplica los colores
a la página, haciendo algo hermoso o algo feo".
"Pero el pincel no puede pintar solo", dijo Agus.
"Depende del artista que escoja los colores y pinte el dibujo".
"Eso es verdad", aprobó la mamá.
"Y nosotros podemos dejar que Satanás o el Señor
sea el artista que sostenga el pincel, controlando nuestras acciones".
Agus miró el papel en blanco.
"Bueno, yo quiero que Satanás esté en control de mi vida", dijo.
"Él la arruinaría".
"Si", asintió la mamá.
"Necesitamos darla cada día al Señor", dijo
"Y rendirnos constantemente a Él.
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