Me agrada oír la historia
que el ángel proclamó,
tocante al rey de gloria
que a la tierra descendió;
Pequeño soy y débil
y grande pecador,
mas Cristo me ha salvado
movido por su amor.
Mi Salvador, el Cristo
fue niño como yo,
amante bueno y puro
a ser me enseñó;
Y si le sigo siempre
humilde y con temor
me llenará su gozo
en su infinito amor.
Su gran misericordia
me gozo en alabar,
y aunque no le veo
escucha mi cantar;
Pues El ha prometido
que allí donde El está
sus santos redimidos
sus glorias cantaran.
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