Pensaba que mi
vida no estaba bien, hablé
entonces con Dios y:
- Me quejé
de lo que me salió
mal en el trabajo,
pero no agradecí
mis manos para trabajar.
- Me quejé
de tener que soportar el
ruido de mis hermanos,
mas no agradecí por
tener una familia.
- Me quejé
cuando no había lo
que me mas me gustaba
para comer,
pero olvidé agradecer
por tener que comer.
- Me quejé
por mi salario,
cuando miles ni siquiera
tienen uno.
- Me quejé
porque no apagaban la luz
de mi cuarto
al buscar unos libros,
pero no pensé en
que muchos no tienen hogar
donde tener las luces encendidas.
- Me quejé
por no poder dormir 10 minutos
mas,
olvidando a quienes darían
todo por tener su cuerpo
sano poder levantarse.
- Me quejé
por tener que trabajar al
día siguiente,
olvidando que muchos no
tienen trabajo que les permita
llevar sustento a su familia.
- Me quejé
porque mi madre me reprendía,
cuando millones desearan
tenerla viva para
poder honrarla y abrazarla.
- Me quejé
pues tenía que dar
una charla sobre Jesús
a unos jóvenes,
olvidando el privilegio
que es poder hablar a otros
de Jesús.
Dios me lo mostró
en aquel momento la verdad
y entonces comprendí
lo ingrato que había
sido con El,
y comencé a agradecer
por las cosas que había
olvidado,
y aún mas aquellas
por las que tanto me quejaba.

Bendice, alma mía,
a Jehová,
Y bendiga todo mi ser su
santo nombre.
Bendice, alma mía,
a Jehová,
Y no olvides ninguno de
sus beneficios.
El es quien perdona
todas tus iniquidades,
El que sana todas tus dolencias;
El que rescata
del hoyo tu vida,
El que te corona
de favores y misericordias;
El que sacia de bien tu
boca
De modo que te
rejuvenezcas como el águila.
Jehová es el que
hace justicia
Y derecho a todos los que
padecen violencia.
~Salmos 103:1 al 6~


