Las promesas del Señor, son como aguas cristalinas en
las cuales podemos refrescar nuestra sed en todas las circunstancias de
nuestra
vida.
Si eres hijo de Dios, puedes disfrutar de ella, ya que nuestro Padre
amoroso las dejó para que nos alegremos
y gocemos en Él.
"Dios por su poder, nos ha concedido todo lo que necesitamos
para la vida y la devoción, al hacernos conocer a aquel que nos
llamó por su propia grandeza y sus obras maravillosas.
Por medio de estas cosas nos ha dado sus promesas, que son
muy grandes y de mucho valor, para que por ellas lleguemos
nosotros a tener parte en la naturaleza de Dios".
*2° Pedro 1:3-4*
|