El famoso filósofo oriental Lookman, fue, en su juventud,
esclavo de un dueño muy bondadoso, que
le trató como verdadero hijo.
Comentando este caballero la belleza de su esclavo, hizo una apuesta
con algunos amigos para ponerle a prueba, ordenándole comer un melón amargo;
lo que el esclavo hizo sin mostrar la más pequeña contrariedad.
--¿Como es posible...le dijo después su amo.. que hayas
podido comer
tan resignado semejante fruto que causa náuseas a todo el mundo?
Lookman replicó:
--Señor, he recibido tantos favores de vuestra Alteza durante mi vida,
que no es ninguna maravilla comer
una vez un melón amargo de vuestra mano.
Esta cordial respuesta tocó de tal modo el corazón de
su amo, que le dio inmediatamente la libertad.
--Con este mismo sentir, debemos nosotros recibir
las tribulaciones que vienen la la mano de Dios para beneficio
de nuestra vida.
Sabemos que todo lo que le pasa a un hijo de Dios siempre pasa primero
por su presencia, así que debemos contarlos como bendiciones de Dios
para nuestro continuo crecimiento. |