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Quiero regalarte......
Amistad, para que cuando tu alma añore una amiga,
sin pensarlo me busques, y pueda correr a tu lado.
Sonrisas, para que cuando tus lágrimas escurran tras la cascada
de tu mejilla en un día gris, sea mi ánimo lo que ilumine tu tristeza.
Grandes sueños, para que cuando en tu mente exista un vacío,
sean aquellos bosques cubiertos de bellas flores, los que atrapen
la atención de tu pensamiento.
La fuerza de unas manos, para que cuando tus tobillos se cansen,
mis hombros te sirvan de apoyo al andar.
Un ramo de abrazos, para que cuando los tropiezos te dificulten
el andar,
puedan darte ánimo y una esperanza que te ayuden a continuar.
Mi cariño sincero, para que cuando sientas que nadie te acompaña,
recuerdes que en paisajes verdes o valles áridos mi pensamiento
siempre te lleva de la mano.
Un apoyo sincero, para que cuando necesites sentir fuerzas,
sean éstos,
el puerto de tus emociones.
Hoy quiero desearte... que compartas tus alegrías con los seres
que amas,
para que cuando creas que caminas en la soledad,
recuerdes a tus amigos
que están prontos a ser de compañía.
Hoy quiero obsequiarte... lo más bello que puedas recibir,
mientras transformas estas líneas en un espejo;
donde la ternura
que aquí encuentres y donde la belleza
que aquí nazca, te dé la certeza
de que no estás sola.
Piensa que tenemos un Padre amoroso que está con su oído atento
a nuestro clamor,
¿Eres su hija amada? 
Si lo eres confía en Él, si no estás segura, piensa que el Señor Jesús
murió en una cruz de dolor por ti, y tienes que aceptarlo como
Señor y Salvador de tu vida. Te recomiendo que leas en la Biblia el capítulo 3 de San Juan.
Ese es el mejor regalo que quiero compartir hoy contigo. |

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria,
y todos los santos ángeles con él,
entonces se sentará en su trono de gloria,
y serán reunidas delante de él todas las naciones;
y apartarálos unos de los otros, como aparta el pastor
las ovejas de los cabritos.
Y pondrá las ovejas a su derecha,
y los cabritos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los de su derecha:
Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado
para vosotros desde la fundación del mundo.
Porque tuve hambre, y me disteis de comer;
tuve sed,
y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis;
estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis;
en la cárcel, y vinisteis a mí.
Entonces los justos le responderán diciendo: Señor,
¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos,
o sediento, y te dimos de beber?
¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos,
o desnudo, y te cubrimos?
¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?
Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo
que en cuanto lo hicisteis a uno de estos
mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.
~Mateo 25: 31-40~

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En una ocasión, por la tarde, un hombre vino a nuestra casa, para contarnos
el caso de una familia hindú de ocho hijos.
No habían comido desde hacía ya varios días.
Nos pedía que hiciéramos algo por ellos.
De modo que tomé algo de arroz y me fui a verlos.
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Vi cómo brillaban los ojos de los niños a causa del hambre.
La madre tomó el arroz de mis manos, lo dividió en dos partes y salió.
Cuando regresó le pregunté: qué había hecho con una de las dos
raciones de arroz.
Me respondió: "Ellos también tienen hambre".
Sabía que los vecinos de la puerta de al lado, musulmanes, tenían
hambre.
Quedé más sorprendida de su preocupación por los demás
que por la acción en sí misma.
En general, cuando sufrimos y cuando nos encontramos en una grave
necesidad no pensamos en los demás.
Por el contrario, esta mujer maravillosa, débil, pues no había comido
desde hacía varios días, había tenido el valor de amar y de dar a los demás,
tenía el valor de compartir.
Frecuentemente me preguntan cuándo terminará el hambre en el mundo.
Yo respondo: Cuando aprendamos a compartir".
Demos hasta que nos duela...
Y sigamos dando, hasta que no duela más. |
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Cuanto menos poseemos, más podemos dar.
Parece imposible, pero no lo es. Esa es la lógica del amor

Dichosos los que pueden dar sin recordad y recibir sin olvidar.

Enséñanos Señor, a servirte como mereces,
a dar sin contar el costo, a luchar sin contar las heridas
y a no buscar descanso, a trabajar sin pedir recompensa
solo saber que hacemos tu voluntad

Siempre queda algo de fragancia en la mano del que da.
*Creada con amor*
  
   


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