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Estas pequeñas meditaciones de
San Agustín, son como un rocío del cielo que
refresca nuestro diario vivir.
Aprovechemos bien estas gotas
que nos ha dejado
para deleite de todos
aquellos que aman a Dios, y se gozan
aprendiendo más cada día como debe ser
nuestra meditación, para alabarle, adorarle,
obedecerle, e ir por los caminos que en su
gran amor nuestro
Padre Celestial nos
enseñó, para que anduviésemos en el.

Amor a Dios
Amor al prójimo
A la casa del Padre
Alabanza de corazón
Conversando con Dios
Gozo que perdura
Oraciones al Padre

Pequeñas Reflexiones
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