Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.

Oh alma mía, dijiste a Jehová:
Tú eres mi Señor;
No hay para mí bien fuera de ti.

Para los santos que están en la tierra,
Y para los íntegros, es toda mi complacencia.

Se multiplicarán los dolores de aquellos
que sirven diligentes a otro dios.
No ofreceré yo sus libaciones de sangre,
Ni en mis labios tomaré sus nombres.

Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa;
Tú sustentas mi suerte.

Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos,
Y es hermosa la heredad que me ha tocado.

Bendeciré a Jehová que me aconseja;
Aun en las noches me enseña mi conciencia.

A Jehová he puesto siempre delante de mí;
Porque está a mi diestra, no seré conmovido.

Se alegró por tanto mi corazón,
y se gozó mi alma;
Mi carne también reposará confiadamente;

Porque no dejarás mi alma en el Seol,
Ni permitirás que tu santo vea corrupción.

Me mostrarás la senda de la vida;
En tu presencia hay plenitud de gozo;
Delicias a tu diestra para siempre.

   
   
 
UNA PRECIOSA JOYA
 
Cristo en su humillación
Filipenses 2: 6-8
El ama a sus santos
Juan 14: 1 al 3
La adoración falsa y verdadera
Mateo 15: 8
La exaltación de Cristo
Filipenses 2: 9-11
La obediencia de Cristo
Juan 8: 29
Su muerte y su sepultura
Hechos 2: 25-28
Su resurrección
Hechos 13: 34-35
En el trono de la Gloria
Hebreos 7: 25