
El
verdadero reto
de nuestra vida
está en
aceptar nuestros
errores
y no perder
la calma para
lograr ser dueños
de nosotros mismos.
Cuando
el egoísmo
no limite tu capacidad
de amar.
Cuando confíes
en ti mismo aunque
todos duden de
ti
y dejes de preocuparte
por el qué
dirán.

Cuando
tus acciones sean
tan concisas en
duración
como largas en
resultados.
Cuando puedas
renunciar a la
rutina sin que
ello altere
el metabolismo
de tu vida.

Cuando
sepas distinguir
una sonrisa de
una burla,
y prefieras la
eterna lucha que
la compra de la
falsa victoria.
Cuando actúes
por convicción
y no por adulación.

Cuando
puedas ser pobre
sin perder tu
riqueza y rico
sin perder tu
humildad.
Cuando sepas perdonar
tan fácilmente
como ahora
te disculpas.

Cuando
puedas caminar
junto al pobre
sin olvidar que
es un hombre,
y junto al rico
sin pensar que
es un dios.
Cuando sepas enfrentar
tus errores tan
fácil
y
positivamente
como tus aciertos.

Cuando
halles satisfacción
compartiendo tu
riqueza.
Cuando sepas obsequiar
tu silencio a
quien no te pide
palabras,
y tu
ausencia a quien
no te aprecia.

Cuando
ya no debas sufrir
por conocer la
felicidad
y no seas capaz
de cambiar tus
sentimientos o
tus
metas por el placer.
Cuando no trates
de hallar las
respuestas en
las cosas que
te rodean,
sino
en Dios y en tu
propia persona.

Cuando aceptes
los errores, cuando
no pierdas la
calma,
entonces
y sólo
entonces, Serás...
¡UN TRIUNFADOR!
Autor
desconocido

Cristo
es todo para mí,
en calma y tempestad;
El es mi gozo
vida y paz,
camino y verdad.
Y cuando mi alma
triste está,
su gran consuelo
él me da;
es siempre el
mismo amigo
el Señor
Jesús.
Cristo
es todo para mí,
disfruto de su
amor;
feliz en él
no temeré,
me cuida mi Señor.
Y cuando en valle
oscuro esté,
confiadamente
en yo andaré;
es siempre el
mismo amigo
el Señor
Jesús.