| |
Mi
alma, serena vive y sumisa
maté tristezas, ansia, inquietud.
Sobre el desastre de mi salud,
brilla el sol claro de mi sonrisa.
Nada
mi firme sosiego altera.
La vida amasa barro a mis pies;
pero mi frente más limpia es
que un mediodía de primavera.
Doliente
amigo: ven de mí en pos,
si estás por sombras obscurecido,
yo con los tristes mi sol divido:
¡hay luz bastante para los dos!
|