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Te amamos porque amaste Tú primero:
fue tuyo, Dios Eterno el primer paso,
los cielos y la tierra que creaste,
hablaron de ese amor que profesaste
desde antes que existiera el universo. Te amamos porque amaste Tú primero:
¿Acaso no fue tuya la mirada
que llena de perdón y amor posaste?
¡Sobre una criatura malograda,
perdida para siempre, desahuciada,
volcaste Tus ternezas y desvelos! Te amamos porque amaste Tú primero:
La prueba de tu amor ya fue colmada,
en esa cruz de oprobio y de vergüenza.
Y ahora en extrañeza, preguntamos,
¿Qué hubo Padre amante, Dios Eterno,
que hiciera que Tú amaras...el primero? Elsie R. de Powell |